En el principio, aparece Dios trabajando como si fuera un
obrero, modelando al ser humano (Génesis 2,2-7). El trabajo del hombre aparece
entonces como una imitación, una continuación, del trabajo divino que exige
descanso (Génesis 2,15; Éxodo 20,8ss).
El Antiguo Testamento reconoce el valor
natural y social del trabajo, pues forma parte de la esencia misma del hombre
(Deuteronomio 5,13) y sin él la sociedad no podría avanzar (Eclesiástico
38,32). El trabajo, de acuerdo a esta tradición, aparece como una bendición
(Salmo 128, 2-3).
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