Ofrendar es un acto de
amor, es un acto de entrega con la confianza puesta en Dios.
La más grande ofrenda fue
dada por Cristo Jesús, que dio todo, ofrendo todo solo por amor. Por la más
sublime y preciosa esencia de su Padre, EL amor.
De allí en mas todo el que
se abstiene de ofrendar, de dar, de sentir el gozo de bendecir a otros es
porque todavía no entendió la Palabra de Dios, no entendió la dimensión del
amor y si entendió, la resiste sin analizar las consecuencias que este acto
puede acarrear para su vida.
Debemos aprender a dar con
la misma alegría con la que recibimos, ambas actitudes son producto de la
bendición y misericordia del Señor.
Los que reciben y dan
honran al Señor quien a su vez les honra a ellos. En la semilla que recibes de
Sus manos se encuentra el poder de la cosecha. Además, te da la tierra y
condiciones climáticas favorables. Pero sembrar y cosechar es tu trabajo. Todos
debemos cumplir nuestra parte del pacto con Dios.

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