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viernes, 17 de marzo de 2017

COMO SUFREN LOS HIJOS DE PADRES INFIELES?

  • Menos de cinco años. Los pequeños detectan que sus padres ya no les dedican tanta atención como de costumbre, por lo que empiezan a necesitar más y más muestras de afecto, aunque sea un simple contacto visual. Es complicado para los padres infieles cumplir con las expectativas de afecto que sus hijos requieren de ellos, por lo que la ansiedad de estos niños puede aumentar sensiblemente durante su edad adulta.
  • De cinco a diez años. En esta edad suele aparecer un peligroso sentimiento de culpabilidad entre los niños, que piensan que el comportamiento de sus progenitores está causado por su presencia. Su mayor miedo es que sus padres se separen, y por lo tanto comienzan a tener pesadillas y a sentirse mal consigo mismos, o a regresar a previos estados infantiles. Aún les cuesta comprender el significado de una separación.
  • De once a dieciocho años. Es el perfil del joven que tiene más probabilidades de descubrir las infidelidades de sus padres, debido a que su comprensión del mundo social es mayor, o puede utilizar las redes sociales para hacerlo. Es muy probable que si en esa época descubren la deshonestidad de sus padres, sus convicciones morales sufran y pasen a comportarse de manera mucho más descreída en sus propias relaciones personales. El peor de los casos posibles es el de los jóvenes que han de actuar como cómplices de sus padres, lo que les sitúa en una posición peligrosa y estresante dentro de la familia.
  • De 18 años en adelante. Muchos padres creen que a partir de cierta edad, la revelación de la verdad no puede causar ningún daño, pero incluso a tales edades puede resultar perjudicial para sus descendientes. Una de las reacciones frecuentes es la absolutamente opuesta a la que aparecía durante la adolescencia, es decir, en lugar de comportarse como sus padres, se convierten en personas altamente intolerantes ante cualquier infidelidad. Ello influye de manera negativa en sus relaciones, ya que puede conducir a establecer criterios excesivamente rígidos en su relación con los demás que dificultan su mejora de los problemas personales.


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