COMPARTE NUESTRA PAGINA

martes, 21 de marzo de 2017

ES USTED PACIENTE?



Grados de paciencia

Hay que distinguir tres grados de paciencia. Ante todo está el reprimirse para no tomar venganza por si mismo, ni siquiera desearla. Este grado es muy imperfecto, porque frecuentemente permanece amargado el corazón, y de ahí proceden las murmuraciones, comentarios, maledicencia, envidia, malas sospechas y cosas semejantes. Son señales de un corazón todavía no mortificado y de amor desordenado a si mismo; porque toda aflicción excesiva, tristeza e inquietud proceden de un amor desordenado. Como dice San Gregorio: «Quien no tolera con ecuanimidad los males y persecución que otros le infligen, él mismo demuestra por su impaciencia que está lejos de la plenitud del bien, o sea, de la gracia y las virtudes».

Se da un grado intermedio cuando alguno no solamente reprime sus deseos de venganza, sino que también limpia y purifica su corazón de toda envidia y enojo. Por sí mismo él no busca, quizá, el libre sufrimiento; pero, cuando le llega, lo acepta humildemente reconociendo que es digno de padecer eso y mucho más. Comprendiendo poco a poco la abundancia de gracia que mediante esto se adquiere, dispone su voluntad para sufrir con paciencia cualquier adversidad en adelante. De este modo comienza la misma paciencia a serle muy meritoria.

El grado superior es la paciencia afectiva, la cual, para conformarse a la pasión del Señor y a todas las cosas que entonces tuvieron lugar, acepta con gran deseo las contrariedades que pudieren sobrevenirle, y gusta de padecer siempre muchas cosas, diciendo con el profeta David: «El oprobio me ha roto el corazón» (Sal 68,21).

Tales personas rezuman amabilidad y dulzura divina en abundancia. Las potencias del alma se sosiegan y esta bondad anega al alma en divina embriaguez hasta el punto de no sentir ninguna afrenta exterior, detrimento o pena. Porque consideran toda persecución como una ayuda para acercarse al Amado y aman todas las persecuciones como verdaderas ayudas para la vida eterna. ¡Dichosa el alma que ha llegado hasta aquí, porque va a descansar eternamente en los brazos de Cristo!



No hay comentarios.:

Publicar un comentario