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lunes, 2 de septiembre de 2013

¿Eres realmente libre?

¿Eres realmente libre? Catholic-link.com - Esta es una pregunta decisiva y que todos debemos afrontar en nuestra vida. Pero para hacerlo, primero tenemos que preguntarnos ¿Qué es la libertad? Y segundo ¿qué significa ser libre?

Inicio por una oposición: la libertad NO es, ni podría ser un fin en sí misma (algo muy promovido hoy en día), pues ¿qué es la libertad como fin de sí misma, sino una libertad perdida, es decir, sin límites, sin rumbo? Sí, aquella es una falsa libertad que al identificarse consigo misma ha perdido de vista su objetivo, buscando expandirse sin sentido en todas direcciones, en todas las posibilidades que se le presentan, sin reparar en nada. Esta es la libertad que vaga muchas veces por el mundo buscando saciarse en experiencias fuertes (deportes extremos, gloria, fama, consumismo, belleza), en modo de sustituir el fin que ha abandonado y al cual pertenece, porque al no estar ya sujeta a nada, ni a nadie, independizada ya no encuentra paz, y no le queda que seguir rompiendo los limites, en seguir tratando de conseguir lo imposible, la experiencia de total libertad, sin límites, tratando como de tocar el infinito, para poder calmar su sed.

Cuando la libertad vive así, en una autoreferencia, se convierte paradójicamente en pura voluntad que esclaviza, puro poder (de la técnica, del hacer) de hacer lo que me da la gana mientras tenga la posibilidad y no encuentre obstáculos (que si encuentro removeré de mi camino). Y esto definitivamente no es el significado y el sentido de la libertad. Así vivida, la libertad es una ilusión que dura bien poco. Se siente el vértigo y la adrenalina (como las imágenes del video) del aparente “ilimitado” que nos ofrece, pero después sin un camino auténtico, sin un compromiso real, sin la exigencia profunda de vivir su sentido, nos deja un gusto amargo, un gusto a poco… más aun cuando hacemos algo que esta mal. Sí, porque la libertad solo es plena en referencia a algo que esta fuera de ella. Y aquí encontramos la respuesta positiva. La libertad es un don “para” algo. No para sí misma ilimitadamente (libertinaje), sino para un fin especifico, que aparentemente la restringe y la conduce dirigiéndola, pero en realidad al hacerlo la libera, porque son ese camino y ese objeto los que le dan el sentido para la cual ha sido dada: Este objeto y ese camino, son el amor y el amar.

La libertad es la capacidad que se nos ha dado para amar. Para poder poseernos a nosotros mismos y así donarnos libremente a los demás. Para amar dándonos a un tú y recibir su amor también (en una auténtica “relación”). Solo aquí la libertad alcanza su plenitud y la verdadera experiencia “sin límites”. Solo quien se ha sentido amado, y a su vez ha amado de verdad, sabe lo que significa ser libre (aun frente a limitaciones físicas, psicológicas o espirituales).


Solo el amor nos hace libres. Esto significa ser realmente libres (segunda pregunta): amar y ser amados, para así amando a quienes vemos, nos abramos y alcancemos ese Amor infinito, verdaderamente ilimitado, de quien no vemos. Ese Amor ilimitado objeto final de nuestra libertad, quien nos amó primero, y que amándonos nos sostiene y nos llama desde nuestra libertad a amar. “Porque nos hiciste para Ti, e inquieto esta nuestro corazón hasta que no descanse en Ti” (San Agustín, Confesiones)

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