¿Eres realmente libre?
Catholic-link.com - Esta es una pregunta decisiva y que todos debemos afrontar
en nuestra vida. Pero para hacerlo, primero tenemos que preguntarnos ¿Qué es la
libertad? Y segundo ¿qué significa ser libre?
Inicio por una oposición: la
libertad NO es, ni podría ser un fin en sí misma (algo muy promovido hoy en
día), pues ¿qué es la libertad como fin de sí misma, sino una libertad perdida,
es decir, sin límites, sin rumbo? Sí, aquella es una falsa libertad que al
identificarse consigo misma ha perdido de vista su objetivo, buscando
expandirse sin sentido en todas direcciones, en todas las posibilidades que se
le presentan, sin reparar en nada. Esta es la libertad que vaga muchas veces
por el mundo buscando saciarse en experiencias fuertes (deportes extremos,
gloria, fama, consumismo, belleza), en modo de sustituir el fin que ha
abandonado y al cual pertenece, porque al no estar ya sujeta a nada, ni a
nadie, independizada ya no encuentra paz, y no le queda que seguir rompiendo
los limites, en seguir tratando de conseguir lo imposible, la experiencia de
total libertad, sin límites, tratando como de tocar el infinito, para poder
calmar su sed.
Cuando la libertad vive así,
en una autoreferencia, se convierte paradójicamente en pura voluntad que
esclaviza, puro poder (de la técnica, del hacer) de hacer lo que me da la gana
mientras tenga la posibilidad y no encuentre obstáculos (que si encuentro
removeré de mi camino). Y esto definitivamente no es el significado y el
sentido de la libertad. Así vivida, la libertad es una ilusión que dura bien
poco. Se siente el vértigo y la adrenalina (como las imágenes del video) del
aparente “ilimitado” que nos ofrece, pero después sin un camino auténtico, sin
un compromiso real, sin la exigencia profunda de vivir su sentido, nos deja un
gusto amargo, un gusto a poco… más aun cuando hacemos algo que esta mal. Sí,
porque la libertad solo es plena en referencia a algo que esta fuera de ella. Y
aquí encontramos la respuesta positiva. La libertad es un don “para” algo. No
para sí misma ilimitadamente (libertinaje), sino para un fin especifico, que
aparentemente la restringe y la conduce dirigiéndola, pero en realidad al
hacerlo la libera, porque son ese camino y ese objeto los que le dan el sentido
para la cual ha sido dada: Este objeto y ese camino, son el amor y el amar.
La libertad es la capacidad
que se nos ha dado para amar. Para poder poseernos a nosotros mismos y así
donarnos libremente a los demás. Para amar dándonos a un tú y recibir su amor
también (en una auténtica “relación”). Solo aquí la libertad alcanza su
plenitud y la verdadera experiencia “sin límites”. Solo quien se ha sentido
amado, y a su vez ha amado de verdad, sabe lo que significa ser libre (aun
frente a limitaciones físicas, psicológicas o espirituales).
Solo el amor nos hace libres.
Esto significa ser realmente libres (segunda pregunta): amar y ser amados, para
así amando a quienes vemos, nos abramos y alcancemos ese Amor infinito,
verdaderamente ilimitado, de quien no vemos. Ese Amor ilimitado objeto final de
nuestra libertad, quien nos amó primero, y que amándonos nos sostiene y nos
llama desde nuestra libertad a amar. “Porque nos hiciste para Ti, e inquieto
esta nuestro corazón hasta que no descanse en Ti” (San Agustín, Confesiones)

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