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viernes, 30 de agosto de 2013

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres

Un llamado a la verdadera libertad
"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres ... Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Juan 8,31-32 . 36).

Las palabras del Señor en este pasaje de Juan están dirigidas a los judíos que habían creído en él. No están dirigidas a los incrédulos. Es una palabra para los judíos creyentes, y también para los gentiles creyentes. Aquí está señalada una clave para el crecimiento, para la madurez espiritual.
No basta con creer Cristo, sino que hay que permanecer en su palabra para ser verdaderamente sus discípulos. Creer es el primer paso, pero permanecer es una cosa sostenida en el tiempo. Al permanecer en su palabra, se conocerá la verdad (no sólo se creerá en la verdad), y la verdad nos hará libres. Creer y conocer son cosas distintas. Pedro percibe esta diferencia al decir: "Nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Jn. 6,69).

La verdad hace libre al hombre, pues va dejando al descubierto las mentiras, engaños, falsedades del corazón, y va permitiendo que Cristo ocupe el lugar central en él. En el versículo 36 se dice que el que liberta es el Hijo. De manera que 'verdad' e 'Hijo' son equivalentes. Conocer la verdad es conocer al Hijo, porque Cristo es la verdad.

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