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sábado, 26 de octubre de 2013

Acudir a la Virgen no es desconfiar de la Divina Misericordia

“Si es cierto que le agrada al Señor que recurramos a los santos, mucho más le ha de agradar [a Dios] que acudamos a la intercesión de María para que supla ella nuestra indignidad con la santidad de sus méritos. Así cabalmente lo afirma San Anselmo: para que la dignidad de la intercesora supla nuestra miseria. Por tanto, acudir a la Virgen no es desconfiar de la divina misericordia; es tener miedo de nuestra indignidad.

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