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jueves, 7 de noviembre de 2013

¿De dónde viene el término Apóstoles?

Viene del griego, a•pó•sto•los se deriva del verbo a•po•stél•l_o, que simplemente significa “despachar; enviar”. (Mt 10:5; Mr 11:3.) No obstante, el término se aplica principalmente a los discípulos que Jesús seleccionó personalmente como cuerpo de doce representantes nombrados. Los nombres de los doce seleccionados en un principio se dan en Mateo 10,2-4; Marcos 3,16-19 y Lucas 6,13-16. Uno de los doce apóstoles, Judas Iscariote, resultó ser traidor, lo que cumplió lo ya anunciado en las profecías. (Salmos 41,9; 109,8.) Se vuelve a mencionar los nombres de los once apóstoles fieles en Hechos 1,13. “Los nombres de los doce apóstoles son estos: Primero, Simón, al que llaman Pedro, y Andrés su hermano; y Santiago [hijo] de Zebedeo y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el recaudador de impuestos; Santiago [hijo] de Alfeo, y Tadeo; Simón el cananita, y Judas Iscariote, el que más tarde lo traicionó”

Algunos de los apóstoles habían sido discípulos de Juan el Bautista antes de llegar a serlo de Jesús. (Jn 1,35-42.) Once debieron ser galileos (Hch 2,7), y tan solo a Judas Iscariote se le consideraba natural de Judea. Provenían de la clase trabajadora: cuatro eran pescadores de oficio y uno había sido recaudador de impuestos. (Mt 4,18-21; 9,9-13.) Parece que por lo menos dos eran primos de Jesús (Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo). Los líderes religiosos consideraban a estos hombres “iletrados y del vulgo”, una señal de que su educación era elemental y no la que se obtenía en las escuelas de estudios superiores. Algunos, entre ellos Pedro (Cefas), estaban casados. (Hch 4,13; 1Co 9,5.)

Parece ser que Pedro, Santiago y Juan disfrutaron de una relación más estrecha con Jesús que el resto de los apóstoles. Solo ellos fueron testigos de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,35-43) y de la transfiguración de Jesús (Mt 17,1. 2), y fueron los apóstoles que más se adentraron con él en el jardín de Getsemaní la noche de su detención. (Mc 14,32-33.) Existía al parecer una afinidad especial entre Jesús y Juan, y se considera que este es aquel a quien se hace referencia como el “discípulo a quien Jesús amaba”. (Jn 21,20-24; 13,23.)

Selección y primeros años de ministerio. Se seleccionó a los doce de entre un grupo más grande de discípulos, y Jesús los nombró apóstoles ‘para que continuaran con él y para que él los enviara [a•po•stél•l_ei] a predicar y a tener autoridad para expulsar los demonios’. (Mc. 3:13-15.) Desde entonces, ‘continuaron con él’ en asociación muy estrecha durante el resto de su ministerio terrestre, recibiendo una instrucción intensiva a nivel personal y en el campo ministerial. (Mt 10,1.42; Lc. 8,1.) Como alumnos de Jesús, se les siguió llamando discípulos, en particular en referencias a acontecimientos anteriores al Pentecostés (Mt 11,1; 14,26; 20,17; Jn 20,2), pero a partir de ese momento, siempre se les llama “apóstoles”.

Cuando fueron nombrados, Jesús les dio poderes milagrosos para curar enfermos y expulsar demonios, poderes que usaron hasta cierto grado durante el ministerio de Jesús. (Mc 3,14-15; 6,13; Mt 10,1-8; Lc. 9,6; compárese con Mt 17,16.) Sin embargo, esta actividad siempre estuvo subordinada a la obra principal de predicar. Si bien los apóstoles formaban un grupo íntimo de discípulos, en su instrucción y preparación no hubo ritos ni ceremonias misteriosos.

Debilidades humanas. A pesar de que se les favoreció mucho como apóstoles del Hijo de Dios, tuvieron los defectos y debilidades comunes a los seres humanos. Pedro tendía a ser irreflexivo e impetuoso (Mt 16,22- 23; Jn 21,7-8), Tomás era difícil de convencer (Jn 20:24, 25) y tanto Santiago como Juan mostraban impaciencia inmadura. (Lu 9,49-54.) Riñeron en cuanto a la cuestión de su futura grandeza en el reino terrenal que esperaba que Jesús estableciera. (Mt 20,20-28; Mc 10,35-45; compárese con Hch 1,6; Lc 24,21.) Así mismo, reconocieron que necesitaban más fe. (Lc 17,5; compárese con Mt 17,20.) A pesar de sus años de asociación íntima con Jesús, y aunque sabían que era el Mesías, todos le abandonaron cuando fue detenido (Mt 26,56), y tuvieron que ocuparse de su entierro otras personas. En un principio, a los apóstoles les costó aceptar el testimonio de las mujeres que vieron primero a Jesús después de su resurrección, y tenían tanto temor que se reunían con las puertas cerradas con llave. (Lc 24,10-11; Jn 20,19.26.) Jesús les amplió su conocimiento una vez resucitado, y después de su ascensión al cielo, al cuadragésimo día de resucitar, estos hombres demostraron un gran gozo y “estaban de continuo en el templo bendiciendo a Dios”. (Lc 24,44-53.)

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