Viene
del griego, a•pó•sto•los se deriva del verbo a•po•stél•l_o, que simplemente
significa “despachar; enviar”. (Mt 10:5; Mr 11:3.) No obstante, el término se
aplica principalmente a los discípulos que Jesús seleccionó personalmente como
cuerpo de doce representantes nombrados. Los nombres de los doce seleccionados
en un principio se dan en Mateo 10,2-4; Marcos 3,16-19 y Lucas 6,13-16. Uno de
los doce apóstoles, Judas Iscariote, resultó ser traidor, lo que cumplió lo ya
anunciado en las profecías. (Salmos 41,9; 109,8.) Se vuelve a mencionar los
nombres de los once apóstoles fieles en Hechos 1,13. “Los nombres de los doce
apóstoles son estos: Primero, Simón, al que llaman Pedro, y Andrés su hermano;
y Santiago [hijo] de Zebedeo y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás y
Mateo el recaudador de impuestos; Santiago [hijo] de Alfeo, y Tadeo; Simón el
cananita, y Judas Iscariote, el que más tarde lo traicionó”
Algunos de los apóstoles habían sido
discípulos de Juan el Bautista antes de llegar a serlo de Jesús. (Jn 1,35-42.)
Once debieron ser galileos (Hch 2,7), y tan solo a Judas Iscariote se le
consideraba natural de Judea. Provenían de la clase trabajadora: cuatro eran
pescadores de oficio y uno había sido recaudador de impuestos. (Mt 4,18-21; 9,9-13.)
Parece que por lo menos dos eran primos de Jesús (Santiago y Juan, los hijos de
Zebedeo). Los líderes religiosos consideraban a estos hombres “iletrados y del
vulgo”, una señal de que su educación era elemental y no la que se obtenía en
las escuelas de estudios superiores. Algunos, entre ellos Pedro (Cefas),
estaban casados. (Hch 4,13; 1Co 9,5.)
Parece ser que Pedro, Santiago y Juan
disfrutaron de una relación más estrecha con Jesús que el resto de los
apóstoles. Solo ellos fueron testigos de la resurrección de la hija de Jairo (Mc
5,35-43) y de la transfiguración de Jesús (Mt 17,1. 2), y fueron los apóstoles
que más se adentraron con él en el jardín de Getsemaní la noche de su
detención. (Mc 14,32-33.) Existía al parecer una afinidad especial
entre Jesús y Juan, y se considera que este es aquel a quien se hace referencia
como el “discípulo a quien Jesús amaba”. (Jn 21,20-24; 13,23.)
Selección y primeros años de ministerio. Se
seleccionó a los doce de entre un grupo más grande de discípulos, y Jesús los
nombró apóstoles ‘para que continuaran con él y para que él los enviara
[a•po•stél•l_ei] a predicar y a tener autoridad para expulsar los demonios’.
(Mc. 3:13-15.) Desde entonces, ‘continuaron con él’ en asociación muy estrecha
durante el resto de su ministerio terrestre, recibiendo una instrucción
intensiva a nivel personal y en el campo ministerial. (Mt 10,1.42; Lc. 8,1.)
Como alumnos de Jesús, se les siguió llamando discípulos, en particular en
referencias a acontecimientos anteriores al Pentecostés (Mt 11,1; 14,26; 20,17;
Jn 20,2), pero a partir de ese momento, siempre se les llama “apóstoles”.
Cuando fueron nombrados, Jesús les dio
poderes milagrosos para curar enfermos y expulsar demonios, poderes que usaron
hasta cierto grado durante el ministerio de Jesús. (Mc 3,14-15; 6,13; Mt 10,1-8;
Lc. 9,6; compárese con Mt 17,16.) Sin embargo, esta actividad siempre estuvo
subordinada a la obra principal de predicar. Si bien los apóstoles formaban un
grupo íntimo de discípulos, en su instrucción y preparación no hubo ritos ni
ceremonias misteriosos.

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